El hipertexto o el nuevo espacio comunicativo multimodal

Angela Celis Sánchez
angela.celis@uclm.es
Universidad de Castilla La Mancha

Comunicación larga
Hipertexto


Todo acto comunicativo parte de la base de la existencia de dos individuos, como mínimo, que establecen una relación para intercambiar un tipo concreto de información. Esa relación dará como resultado un esquema comunicativo que, con  el advenimiento de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, ha sufrido una variación notable, de modo que el mensaje ha dejado de ser lineal o secuencial para convertirse en un juego de relaciones múltiples que afectan por igual a emisor, receptor y mensaje.

De entre las muchas variaciones que se producen en este nuevo modelo comunicativo, una de ellas se refiere a los resortes sociolingüísticos que se ejecutan en las relaciones entre emisor y receptor. En el trabajo que presentamos, trataremos de explicar cómo funcionan esas relaciones desde el punto de vista teórico, de modo que seamos capaces de aventurar una suerte de modelo aplicable a cada enunciación. Para ello partiremos de los presupuestos teóricos propuestos por M.A.K. Halliday quien, conjugando fuentes de lingüística autónoma junto con la sociolingüística, ofrecerá una teoría del lenguaje conocida como “sistémico-funcional”, por estar sustentada en el estudio de la lengua como sistema y en las funciones que se desprenden de su uso o metafunciones del lenguaje, a saber, la metafunción ideacional, la metafunción interpersonal y la metafunción textual.

En el espacio telemático, con las particularidades que definen la comunicación hipertextual, las metafunciones cobran un cariz diferente del que se describe para los entornos oral y escrito. Todas ellas serán hiperfunciones o multifunciones, precisamente por la esencia multimodal (texto, imagen y sonido) que las alberga. Nos proponemos acercar teóricamente las distancias producidas por el salto del entorno analógico al entorno digital, para proponer una suerte de teoría específica para este nuevo espacio comunicativo

Todo acto comunicativo parte de la base de la existencia de dos individuos, como mínimo, que establecen una relación para intercambiar un tipo concreto de información. Esa relación dará como resultado un esquema comunicativo que, con  el advenimiento de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, ha sufrido una variación notable, de modo que el mensaje ha dejado de ser lineal o secuencial para convertirse en un juego de relaciones múltiples que afectan por igual a emisor, receptor y mensaje. El esquema comunicativo al que nos referimos no es otro que el diseñado por Roman Jakobson en 1958 para su obra Lingüística y poética que, como decimos, prevé exclusivamente un tipo de comunicación lineal, específica para los modos oral y escrito. Pero las Tecnologías de la Información y la Comunicación, con Internet a la cabeza, han acarreado una nueva realidad comunicativa que supone, en primer lugar, la ruptura de la linealidad de dicho discurso en los entornos digitales. Este hecho trae consigo una serie de cambios que han sido asumidos de forma natural por parte de todos los actores de la comunicación, descritos en el nombrado esquema propuesto por el Jakobson, que constaba de los siguientes actores:

En efecto, ese esquema clásico de la comunicación, propio de la que podríamos denominar una sociedad analógica basada en la lectura y escritura secuenciales, ha sufrido con el hipertexto una serie de modificaciones que atañen a emisor, receptor, mensaje y canal, principalmente, y que, por tanto, dan lugar a un tipo de discurso específico y con características propias. De hecho, el advenimiento de las redes telemáticas y la generalización de Internet y el lenguaje hipertextual han propiciado un nuevo tipo de comunicación no lineal y no secuencial, que podríamos afirmar que caracterizan a un tipo de sociedad digital. Internet se convierte así no solo en una tecnología sino también en un espacio social específico con comunicaciones propias y diferenciadas basadas en una serie de patrones comunicativos, algunos de los cuales expondremos a continuación.

Para nosotros, pues, no es correcto hablar de “hipertexto” como producto lingüístico en sí mismo, aunque esa sea la tendencia habitual, dado que propiamente por hipertexto hemos de entender una realidad poliédrica en la que están implicadas tanto circunstancias tecnológicas (lenguaje de marcación hipertextual o HTML, por ejemplo), como circunstancias literarias (relacionadas con las teorías sobre la recepción, como las expuestas por Bajtin, Kristeva, Derrida, entre otros, o por obras literarias que obligan al receptor a realizar un trabajo de saltos y selecciones puramente hipertextuales, como Rayuela, de Julio Cortázar, como ejemplo paradigmático en nuestra lengua), y, por supuesto, por circunstancias puramente lingüísticas y de construcción del discurso. A ese resultado es al que llamamos nosotros discurso-e, por discurso electrónico, que sería la forma discursiva específica del entorno electrónico o digital que combina texto, imagen estática y/o en movimiento y sonido, formada a partir de la relación de sus diferentes partes externas o internas, susceptibles de ser vinculadas unas con otras y que forman una unidad textual plena.

Para ser considerada tal, esa unidad textual ha de tener un sentido completo, que denominaremos sentido pantextual o estructura pantextual, y que se corresponde con el texto completo, en su total polimorfía, esto es, el texto como suma de todos y cada uno de los elementos que configuran su aspecto externo, lo que incluye toda forma verbal, icónica y auditiva que en él aparece, y que se necesitan entre sí para configurar su significado global.

La aceptación de esta estructura supone, como hemos dicho, el reconocimiento del cambio en las competencias de los actores del proceso comunicativo. Para el tipo de comunicación clásico nos bastaba el esquema jakobsoniano, sin embargo, para el discurso electrónico necesitamos reubicar el papel de dichos actores, tal como se aprecia en el diagrama que sigue: 

Estos dos esquemas corresponderían, respectivamente, al reflejo de los cambios producidos por el paso de una sociedad analógica –basada en el texto lineal o secuencial, es decir, el texto como reflejo de la cultura librocéntrica, en palabras de Laura Borràs a la que seguimos, de algún modo, anclados,[1] idea que ampliaríamos nosotros al término de cultura impresocéntrica-, a una sociedad digital, basada en el texto no secuencial, es decir, el hipertexto, con toda la suerte de enlaces interlectuales/físicos que el lector realiza en virtud de las lexías o nodos previstos por el autor. En este sentido, he de subrayar la “relativa libertad” que tiene el receptor o lector, al contrario de lo que se defiende habitualmente a la hora de componer el texto final, pues su navegación está absolutamente supeditada a las decisiones creativas del autor-emisor.

Según esto, podemos describir el mensaje analógico como de “lectura lineal”, contrapuesto al mensaje digital, caracterizado por una lectura erdógica, esto es, una lectura para la que se necesita y presupone un trabajo activo por parte del receptor.[2] Pero no solo emisor y receptor, también mensaje, código y canal han cambiado, si tomamos como base de descripción el esquema de la comunicación vigente en nuestras aulas, que no es otro que el que propusiera el estructuralista Roman Jakobson en 1958.[3] Asociado a este esquema está el estudio de las funciones del lenguaje que, recordemos, serían la función expresiva, propia del mensaje; la emotiva, propia del emisor, señalando sus intereses, pasiones, etc.; la apelativa, o propia del receptor; la metalingüística, del código; la fática, del canal y la poética, del propio mensaje. Precisamente, es la voluntad de relación de la Lingüística con la Literatura –y la Poética- la que llevó a Jakobson a escribir su ensayo Lingüística y Poética al que nos referíamos antes.

De entre las muchas variaciones que se producen en este nuevo modelo comunicativo, una de ellas se refiere a los resortes sociolingüísticos que se ejecutan en las relaciones entre emisor y receptor. Tengamos en cuenta que hemos definido el espacio telemático como un verdadero espacio social y comunicativo donde se verifican relaciones sociales entre hablante y oyente, especialmente si el tipo de texto que se produce presupone en el receptor un alto compromiso en la construcción del texto final, es decir, le invita o le permite completar el discurso con más discurso, por ejemplo en las noticias comentadas de la prensa digital, en blogs, en wikis o en las redes sociales. Para realizar nuestro estudio y ubicar nuestra propuesta teórica nos basaremos en el modelo teórico de análisis propuesto por M.A.K. Halliday en la conocida como Lingüística Sistémico-Funcional, que basa su estudio de la lengua tanto en su vertiente de SISTEMA, es decir, la lengua como ente ideal, general, no específico, común a todos los hablantes de un idioma), como en su vertiente de HABLA, es decir, las realizaciones particulares que de esa lengua ideal se realizan por parte de cada uno de los hablantes o individuos usuarios de dicha lengua. De alguna manera, se rompe con este modelo la dicotomía vigente desde Saussure de separación de ambos conceptos que, aunque estrechamente relacionados, caminaban por separado a la hora de ser estudiados. Pues bien, lo que propone Halliday, grosso modo, sería el estudio de la lengua como sistema, pero también de las funciones que se desprenden de su uso. No interesa tanto la forma en que aparece la lengua sino su función, es decir, se despega de la visión formalista. Esto significa que se aparta de toda teoría basada exclusivamente en el análisis de las estructuras gramaticales y la construcción de un modelo formal del lenguaje basado en ello. Por contra, según la visión funcionalista, todo estudio lingüístico debe partir de la finalidad principal en el uso de la lengua, esto es, la comunicación, por lo que la cuestión básica es verificar cómo se comunican los individuos de una determinada lengua, lo que implica estudiar no solo esas formas mencionadas arriba sino también la situación comunicativa en que se produce en mensaje, esto es, el evento, los participantes y el contexto comunicativo.

Desde nuestro punto de vista, la lengua juega un papel básico en el proceso de socialización del individuo, es decir, somos sociales porque usamos el lenguaje, a la vez que usamos el lenguaje con el objetivo de socializar, de ser seres sociales, sea cual sea la faceta específica a que nos refiramos. En el caso del uso de las redes telemáticas, consideramos que también es necesario estudiar el comportamiento social del lenguaje y proporcionar una teoría lingüística que lo explique. El propio uso de la lengua, al ser instrumento social, prevé la puesta en marcha de una serie de funciones que son previamente conocidas por los usuarios antes de iniciar cualquier proceso de comunicación. Precisamente, del conocimiento y análisis de estas metafunciones que pasamos a explicar, deriva nuestra teoría sobre el uso ampliado de la lengua en entornos virtuales, es decir, con el uso del hipertexto.

Estos presupuestos básicos de la teoría de Halliday nos indican que construimos los mensajes en relación a la función lingüística que van a desempeñar. Así, si se trata de mensajes objetivos, descriptivos, explicativos, el hablante seleccionará estructuras lingüísticas neutras, como el uso del orden lógico de los elementos de la oración, el tono indicativo, la coordinación y la yuxtaposición en lugar de la subordinación, etc. Estaríamos, en este caso, ante la metafunción ideacional. Por el contrario, si se trata de relacionarnos con los otros, los mecanismos lingüísticos que emplearemos serán el uso del imperativo o del subjuntivo, las oraciones interrogativas y exclamativas, el uso de la subordinación, especialmente en oraciones condicionales, concesivas, etc. Sería esta la metafunción ideacional. Por último, si lo que necesitamos es resaltar una información, hacer referencia a lo ya dicho o adelantar lo que explicaremos posteriormente, si queremos hacer toda la información conocida o, por el contrario, nos interesa dejar partes implícitas, entonces alteraremos el orden lógico de la frase, usaremos pronombres anafóricos o catafóricos, emplearemos metáforas, significados connotativos en lugar de denotativos o, sencillamente, usaremos los puntos suspensivos. Estaríamos entonces ante la metafunción textual.

El estudio de las metafunciones fue ampliado posteriormente por Halliday con los parámetros de CAMPO, referido al significado ideacional, es decir, la acción social que se persigue, o también el TEMA de nuestro mensaje; el TONO o TENOR, o significado interpersonal, es decir, la estructura del rol de los participantes en el acto comunicativo, y el MODO, o significado textual, o sea, la organización simbólica del mensaje. Nuestra propuesta es la de reestudiar estos parámetros en relación con el nuevo tipo discursivo hipertextual, propio del espacio telemático, considerado por nosotros como un nuevo espacio metalingüístico.

Todo lo explicado, aplicado en su modelo original, es decir, el discurso oral y escrito, ha de servirnos también para la descripción de la comunicación hipertextual, que, como ya hemos visto, supone una ruptura en la linealidad típica del texto oral y escrito. Pero no solo: con este discurso estamos ante un nuevo tipo de cercanía que no se agota con la presencia física, sino que se abre, se agranda y se expande hacia una cercanía no física sino virtual. Dicha cercanía virtual está garantizada por el conocimiento y la conciencia de la adaptación a este nuevo espacio, tal vez de forma tácita o intuitiva, pero sin duda compartida por todos los actores y factores del proceso comunicativo, que han aceptado su nuevo rol, y actúan consecuentemente en función de él. Lo que ha ocurrido es que nos hemos adaptado, de una manera más o menos natural, a un nuevo espacio social, en el que se desarrollan nuevas relaciones sociolingüísticas entre los usuarios, que puede que se basen en las tradicionales, pero no son exactamente aquellas o, al menos, no funcionan del mismo modo. La forma de comunicación típica del discurso electrónico, que como hemos explicado se basa en la ruptura del discurso lineal, las metafunciones que acabamos de describir se conviertan en HIPERFUNCIONES o MULTIFUNCIONES por la esencia MULTIMODAL del propio discurso hipertextual. De este modo podríamos hablar de registro multicampo, o hipercampo; registro multitenor, o hipertenor; y registro multimodal, o hipermodal o, tal vez y simplemente, hipertextual.

3.1.      Registro multicampo

Ya hemos visto que el campo coincide con el significado ideacional, esto es, con el tema del discurso. Generalmente, el tema en nuestras exposiciones académicas suele ser único, más o menos uniforme, con alusiones a temas relacionados con el explicado o ex cursos puntuales en nuestra explicación. En la enseñanza virtual, el campo se convierte en MULTICAMPO por la cantidad de enlaces o hipervínculos que podemos proponer a nuestro receptor-alumno, siendo el sentido final de nuestra aportación la suma de todos los sentidos parciales que hemos unido, amalgamado, para darle a nuestro alumno una visión general del tema. Podemos afirmar, además, que será mayor la naturaleza multicampo cuanto más abierto sea el texto en su génesis, es decir, cuanta mayor posibilidad de enlaces se le ofrezcan al receptor. En el diagrama que sigue podemos ver un ejemplo de cómo podría funcionar ese registro multicampo en una clase sobre literatura digital.

3.2.      Registro multitenor.

En cuanto al tono o tenor, es decir, la estructura del rol de los participantes, o las diferencias entre los usos del hablar que se asumen en la interacción de esos participantes, podemos hablar en esencia de un registro MULTITENOR. Si para la comunicación oral y escrita hablamos de un habla familiar y un habla formal, es decir, de un código restringido y un código elaborado dependiendo del TONO del discurso, en la comunicación hipertextual, y en el e-learning en particular, el registro multitenor se manifiesta en una línea continua que va de menos a más según la génesis del propio texto. Nos referimos al uso de textos que han sido concebidos como lineales y han dado el salto al espacio telemático (temas de estudio, entradas a un blog, noticias de un periódico, literatura analógica digitalizada, etc.) hasta textos puramente electrónicos, o sea, textos que han nacido con una vocación activa y participativa entre los diferentes actores en el proceso de la comunicación (wikis, escrituras colaborativas, foros, chats, comentarios a una noticia, etc.). Evidentemente, el tono del discurso está condicionado por el tipo de texto y/o la plataforma discursiva, y el usuario (esto es muy importante) es capaz de abordar los cambios de tono o tenor de manera rápida, adaptándose así al tipo de emisión. La división no sería radical, sino que se trataría de un continuum, como ilustramos en la siguiente imagen:

3.3.      Registro multimodal o hipertextual.

Sería la última de las metafunciones adaptadas, si bien es tal vez la más sencilla de entender. Si en la comunicación tradicional analógica trazábamos una línea más o menos clara entre lo oral y lo escrito, en la comunicación hipertextual, y en especial en el e-learning, esa línea se desdibuja, se difumina, de tal modo que cabe hablar de un registro MULTIMODAL, es decir, de una combinación de estilos que abarcan de lo más escrito o elaborado a lo más oral o relajado. Sería como una forma de engranaje, tal como se ve en el siguiente diagrama, teniendo en cuenta que no estamos ya ante un discurso exclusivamente lingüístico, sino que surge de la combinación del texto, la palabra, más la música, la imagen, sea estática o en movimiento.

4.         Conclusión.

Con este trabajo hemos querido presentar las nuevas perspectivas de análisis y tratamiento de las relaciones sociolingüísticas aplicadas al e-learning. Desde nuestro punto de vista, el conocimiento experto de este tipo de mecanismos llevará al uso experto de la nueva comunicación.

Estas cuestiones son especialmente importantes cuando se trata del e-learning, pues significa que, como docente, seremos capaces de elaborar mejores textos, y recibiremos con más pericia los de nuestros alumnos, lo que derivará en un mayor éxito del mensaje, es decir, que contribuirá a garantizar la eficacia de la transmisión de conocimiento que es, en resumidas cuentas, de lo que se trata en nuestro oficio.

Bibliografía

-           AARSETH, Espen (1997): Cybertext: Perspectives on Ergodic Literature, The John Hopkins University.

- BORRÀS CASTANYER, Laura (ed.). (2006): Literatura y cibercultura. Barcelona: UOC.

-           HALLIDAY, M.A.K. (1994): An introduction to functional grammar. London: Edward Arnold.

-           HALLIDAY, M.A.K. (1982): El lenguaje como semiótica social. México, Fondo de Cultura Económica.

-           JAKOBSON, Roman (1988): Lingüística y poética, Madrid, Cátedra,  (ed. de Francisco Rico)

[1] Laura BORRÀS CASTANYER, “Teorías literarias y retos digitales”, en L. BORRÀS (ed.), Textualidades electrónicas, Barcelona, UOC, 2006, pág. 28.

[2] El término “literatura ergódica” fue propuesto por Espen Aarseth en los siguientes términos: “La actuación del lector se produce enteramente en su cabeza, mientras que el usuario del cibertexto también actúa mediante un sentido extranoemático. Durante el proceso cibertextual, el usuario habrá efectuado una secuencia semiótica, y este movimiento selectivo es una labor de construcción física que no se describe en los diversos conceptos de “lectura”. Este fenómeno lo denomino ergódico.” Se refiere, pues, a un tipo de lectura que obliga a un trabajo activo y consciente por parte del lector. (Vid. Espen AARSETH, “La literatura ergódica”, en Domingo Sánchez Mesa (ed.), Literatura y cibercultura, Madrid, Arco/Libros, 2004, pp. 118-119. [Traducción española de la “Introducción” a Cybertext: Perspectives on Ergodic Literature, The John Hopkins University, 1997, op.cit.]).

[3] Roman Jakobson, Lingüística y poética, Madrid, Cátedra, 1988  (ed. de Francisco Abad).