Libroides: el libro que quería ser máquina digital. Remediación y fisicidad en el cuerpo del libro

Álvaro Llosa Sanz
lectorespa@gmail.com

Comunicación larga
Análisis geoespacial, interfaces y tecnología historia de las Humanidades Digitales


En su libro Writing Space: Computer, Hypertext, and the Remediation of Print, Jay Bolter define la remediación como una transferencia de carácter tecnológico por la que un medio absorbe las características formales de otro y remodela su espacio cultural de escritura. Esto ocurrió, por ejemplo, con el medio impreso, que asumió el formato del códice medieval manuscrito adoptando y ampliando su sistema de paginación, párrafos e índices, y dotándolo finalmente de una reproductibilidad sin precedentes que mejoró exponencialmente la difusión del conocimiento en la Europa moderna y ayudó a definir y dar forma a la red cultural humanista en Occidente. Este proceso de remediación se da constantemente entre medios en contacto, especialmente cuando unos se perciben como medios dominantes sobre otros. Entrados en el siglo XXI, y con un debate aún de fondo sobre la función del medio digital y sus soportes de lectura, los casos de remediación son frecuentes entre medios muy diversos y, en ocasiones, sus resultados son formas pasajeras. Especialmente en la última década, debido a la expansión de los aparatos electrónicos digitales de consumo de lectura como los denominados libros electrónicos, tabletas y teléfonos inteligentes, que integran códigos escritos y audiovisuales, asistimos a la producción de ciertas máquinas híbridas de lectura experimental en las que el medio impreso y el digital están intercambiando un diálogo a veces aparatoso acerca de las formas de leer y sus posibles transformaciones o metamorfosis. Todo ello se produce mediante un juego permeable de remediaciones entre la página y la pantalla en un espacio cultural donde el papel del lector y la lectura convergen con la del espectador y su actividad sobre un contenido de carácter cada vez más multimodal, en el que imagen, texto, sonido e interacción producen el acto de lectura, entendido ya como un acto que supera el medio meramente escrito. Estamos ya ante un lectoespectador, como lo llama Vicente Luis Mora, y para ese nuevo activo consumidor cultural la convergencia de medios definida por Henry Jenkins como modelo de comunicación y distribución de contenidos en nuestra sociedad de consumo está provocando tentativas de productos culturales que se plantean desde el juego explícito con la remediación digital de lo impreso y viceversa.

Al hilo de este fenómeno, para poder analizarlo en sus transformaciones y comprender su naturaleza conflictiva, parece útil enfocarlo a través de las ideas sobre el cuerpo virtual defendido por N. Katherine Hayles en How We Became Post-Human: Virtual Bodies in Cybernetics, Literature, and Informatics, para quien se ha producido un proceso de virtualización en cómo se concibe e imagina la ligazón entre cuerpo y texto en nuestra sociedad, a la que considera ya como post humana por estar contenida más allá de su corporeidad física. Si además ligamos dicha tensión identitaria al concepto del cyborg elaborado por Fernando Broncano en su La melancolía del ciborg, que nos permite reflexionar sobre la idea del medio físico y digital como artefacto elaborado en su función artificial y asumimos el papel de las prótesis sobre el cuerpo de la lectura como identidades narrativas a lo largo de la Historia, será posible repasar y repensar la naturaleza remediada de algunos libros–artefacto que integran o imitan tecnologías digitales en su cuerpo impreso dentro de un contexto más amplio de una cultura de la convergencia de medios. 

Merecerá la pena repasar algunos ejemplos ilustrativos de los últimos años: en primer lugar, es interesante volver sobre el proyecto fallido de la propuesta editorial de los librinos, una colección de Ediciones B, inspirada en una idea holandesa de un editor de Biblias, que buscaba publicar largas novelas en un formato pequeño y apaisado, con lo que la página impresa par e impar se leen sin pasar de página, a manera de pantalla de ordenador o rollo antiguo. Si bien esta forma de imprimir no es un novedad absoluta, el hecho de plantearla como una colección de libros de éxito en un contexto donde leemos cada vez más apasionadamente en las pantallas, plantea al menos una reflexión acerca de las limitaciones de las remediaciones digitales e impresas que parecen haber inspirado el proyecto editorial en el año 2009 en Holanda, y en el año 2012 en España. En segundo lugar, nos encontramos con un libro–artefacto muy consciente de serlo, escrito por Jorge Carrión y publicado por vez primera en 2009, después actualizado en su formato en 2014. En su última y más depurada versión, consiste en un libro impreso en formato apaisado que se asemeja a un ordenador portátil: cada hoja superior supone ver una pantalla con el contenido que habitualmente encontramos en internet tras una búsqueda, y cada hoja inferior supone ver el teclado con el que hacemos dicha búsqueda. La remediación aquí se ofrece con una gran coherencia, en el que fondo y forma se integran a la perfección, pues es la historia de la búsqueda de los orígenes de los Carrión a través de tres generaciones del narrador, la recuperación de la memoria a través de extractos de un blog, de entradas de Wikipedia, de álbumes de fotos familiares, de mapas con rutas. Si bien la interactividad remediada no funciona como lo hace un ordenador, la remediación imitada produce un diálogo creativo, abierto y conciliador sobre las formas y los formatos posibles de la narración en un universo cultural híbrido que se relaciona mucho con lo impreso como medio literario, a veces oponiéndolo a cualquier otro, pero que está acostumbrado cada vez más a comunicarse mediante los medios digitales. En tercer lugar, el repaso a un artefacto como el phonebook, que integra una pantalla dentro de un libro impreso para ampliar la experiencia de lectura con material audiovisual, demuestra cómo dos objetos con códigos diversos, el impreso y el digital, buscan una simbiosis forzada porque se convierten en prótesis el uno del otro, en un esfuerzo por dar respuesta a esa tensión social de poder e influencias que se vive entre ambos medios. En cuarto lugar, la mención a algunos ejemplos particulares del uso de códigos QR en libros impresos y su extensión a través de la realidad aumentada, nos llevará a descubrir una relación complementaria y proteica entre cada medio, en la que cada uno aporta aquello que hace mejor cuando convergen, estableciendo una dependencia mutua y flexible entre contenidos y medios para desentrañar la experiencia completa de lectura mientras esta dura. 

Por último, debemos considerar  que el estudio de este fenómeno y de estas máquinas de lectura radica en que dichos artefactos no solo implican peculiares transformaciones formales del medio, sino que están exigiendo otras en las competencias del lector actual, muy importantes de reconocer para poder seguir analizando el fenómeno de la lectura y su nueva retórica de significados, dirigidas a un lector y a un crítico que ya no pueden reducir su mundo a un mero pasar de página.